Un portal con un vecino muy especial

Una de las cosas que más me gusta de llevar este blog, y por lo tanto de Madrid, es toparme de frente con curiosidades de la ciudad que están ahí, en la vida diaria de muchas personas casi de forma invisible. Pasando de puntillas entre nosotros, aprovechando nuestra mala costumbre de andar de un lado a otro, con la mirada gacha y con los cascos puestos, ajenos a la historia que nos observa. Cuando me topo con un secreto como el que voy a compartir hoy, me siento afortunado, como un aventurero del lejano Oeste al descubrir una pepita de oro en su tamiz.

Lo llamativo del ‘Secreto’ de este lunes es el lugar donde se encuentra. Hasta ahora he hablado de edificios y de calles, de esculturas y de plazas, siempre lugares públicos y abiertos, pero nunca de algo tan familiar y con tan poco ‘glamour’ como un portal. En concreto, el que se encuentra en la Cava Baja número 30, en pleno centro. Detrás de la puerta que lo custodia podemos observar una de las raíces sobre las que se apoyó el actual Madrid, un trozo original de la muralla cristiana del Siglo XI.

Ya dije en un post-anterior que la ciudad de Madrid comenzó siendo un asentamiento militar musulmán en el Siglo IX. Unos doscientos años más tarde, los cristianos lograron tomar el control de la ciudad y entonces deciden ampliar el perímetro de los muros que ya se habían quedado pequeños. Para que os hagáis una idea del tamaño que tenía Madrid entonces, la superficie en el interior de estos muros medievales o cristianos, era de 33 hectáreas, lo que vendría a ser una cuarta parte del Parque del Retiro. La muralla tenía una longitud de unos 2.200 metros.

La mayor parte de este elemento defensivo se demolió en 1561 cuando Felipe II decide establecer la Corte en Madrid pero muchos restos del mismo quedaron integrados en la estructura de diferentes edificios. Aún podemos ver algunos de estos ejemplos en la Calle del Almendro o en la Cava Baja. De todos, el más espectacular de todos el que está en el patio interior del número 30 de esta última, ya que da cobijo a una sección de estos muros de 20 metros de largo por 11 de ancho. Se trata, junto a la muralla árabe que hay en la Cuesta de la Vega (Siglo IX) de una de las construcciones más antiguas de Madrid.

He de decir que me parece impresionante que dentro de un portal, a pie de calle, se encuentre escondido semejante tesoro. La de veces que habremos pasado junto a esa puerta, ajenos a lo que escondía en su interior. Ahora, conociendo este hecho, la próxima vez que pase por la zona, no dudaré en llamar al telefonillo y esperar que algún caritativo vecino me abra la puerta. Semejante joya no puede ser disfrutada sólo por unos pocos.

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3 pensamientos en “Un portal con un vecino muy especial

  1. Pues otra sorpresa parecida está en el Foster Hollywood de la Plaza de Isabel II, metro de Ópera, cuando bajas al baño hay una parte de la muralla que incluye un arco integrado dentro del edificio, lo triste es que la gente baja al baño y no se da ni cuenta y cuando suben y les preguntas ¿has visto la muralla? se quedan con cara de póker…”ehhh, …no…” debe de ser las prisas….

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